Capítulo
1: El encuentro
Era un día como otro cualquiera para los chicos de
Tokio Hotel. Tendrían una sesión de fotos, entrevista y el concierto.
Bueno es hora de las fotitos, dijo Tom.
Sí me encanta este momento contestó Bill con una gran
sonrisa en su cara.
Buenos días chicos soy Gabrielle y voy a haceros las
fotos.
Oh, yo creía que iba a ser una chica buenorra de esas
que llevan gafas falsas, rubias y un escote hasta…
Tom basta, deberías dejar de ver porno porque te está
afectando bastante, contestó Gustav dejando al de rastas con la palabra en la
boca.
Pe… pero…
Ejem, ¿pensáis quedaros ahí todo el rato?
No ya vamos, contestó Gustav haciendo oídos sordos a
lo que decía Tom.
La sesión de fotos finalizó y los cuatro chicos se
fueron al hotel para jugar un rato, vestirse y dar el concierto.
Bien juguemos al pin pon.
Vale pero hoy me toca elegir a mí, dijo Bill.
Mmm… está bien pero aunque elijas seguirás perdiendo.
Qué fe tienes hermanito. Elijo a Gustav.
Georg conmigo, les daremos una paliza.
Comenzaron el juego y los cuatro chicos estaban tan
concentrados como si de una guerra se tratase. Pasaron dos horas y Bill junto a
Gustav acabaron ganando la partida.
Sí ahora qué dices Tomy jajaajaja.
A eso le llamo yo suerte, además os hemos regalado un
punto, ese que tiró Gustav ni si quiera rozó la mesa.
¿Cómo qué no? ¿Entonces porqué salió rebotada la
pelota cómo si algo se hubiera topado en su camino? ¿Eh? ¿Eh?
Tom acéptalo hemos perdido, contestó Georg.
Chicos tenéis que iros a cambiaros dentro de tres
horas es el concierto.
Bien, me ducharé yo primero dijo Bill.
Sí mejor que lo haga él primero porque tarda un mundo
en estar listo.
Cállate Tom.
A ver si va a ser mentira.
Las tres horas pasaron. Primero salieron al escenario
Tom, Georg y Gustav, dando paso a los primeros compases de la canción Komm y
después salió Bill y un mar de gritos y aplausos invadió el recinto.
El concierto fue transcurriendo y le tocó el turno a
la canción Für immer jetzt que cerraba otro concierto con éxito.
Habéis estado geniales chicos.
Gracias David.
Bien hoy me apetece ir a una discoteca ¿y a vosotros?
Sí me parece bien, contestó Georg.
Vale hay que celebrar el éxito de esta noche ¿y tú
Bill?
Yo me quedaré estoy un poco cansado.
Vamos hermanito no te me aviejes tan pronto.
Ya otro día, divertíos.
Está bien, como quieras.
Gustav, Georg y Tom se metieron en el taxi rumbo a Dark
Heart, mientras tanto Bill aprovechó para dar una vuelta no muy lejos del hotel
por las calles de Magdeburgo.
Iba caminando hasta que vio a una chica sentada en el
suelo encima de un cartón mojado.
Tenía puesto una chaqueta carcomida y sucia,
unos pantalones con bastantes agujeros, el pelo era largo de color castaño
tapado con un gorro de invierno. Su cara reflejaba la tristeza y el dolor, sus
ojos grandes pero sin ningún brillo de color azulados y en sus manos sostenía
un pequeño vaso con no más de 1 euro en su interior. Bill se estremeció al ver
a la muchacha y sin pensárselo dos veces se acercó a ella.
¿Estás seguro señor? Dijo su guardaespaldas.
Claro que sí James, gracias.
Bill se acercó despacio y se puso frente a ella.
Ho… hola, dijo Bill.
Hola contestó la chica sin levantar la mirada del
vaso.
Dime, ¿Cuál es tu nombre?
Anabel.
Yo me llamo Bill.
Bill, susurró la chica que seguía sin mirarlo.
¿Me conoces?
Sí, la gente a veces tira revistas a la basura y yo
las recojo para pasar el rato.
Hubo un corto silencio.
Mmm… ¿podría sentarme a tu lado?
Ella solo hizo un gesto con la cabeza de aprobación.
Bill poco a poco se agachó y se sentó al lado de
ella.
Dime ¿porqué haces esto por mí? Solo soy una
vagabunda y tú eres una superestrella del rock, preguntó Anabel esta vez
mirando a Bill quien se estremeció al ver esos claros ojos pero llenos de
dolor.
Bueno… creo que todo el mundo tiene derecho a una
oportunidad.
¿A qué te refieres? Miró a Bill.
Si quieres mañana podría pasarme por aquí e invitarte
a un helado, ¿qué te parece?
Pero si la gente te ve con una vagabunda tu
reputación podría verse afectada.
Sabes ahora mismo eso es lo que menos me importa,
pueden pensar lo que quieran, ellos solo creen que los que somos famosos
tenemos que salir con gente de nuestro propio estilo por decirlo de alguna
manera y yo no tengo esa visión cada uno puede estar con quien quiera mientras sean
felices.
Eres una persona muy sincera… has hecho que hoy haya
sido diferente a los demás días.
Entonces… ¿aceptarías mi propuesta de que te invite a
un helado? Dijo Bill con una gran sonrisa en la cara.
Claro, contestó Anabel un poco sonrojada.
Bien, mañana nos vemos, entonces Anabel le dio un
beso en la mejilla.
Gracias por todo.
Bill se estremeció y su corazón comenzó a latir más
deprisa.
No las des, nos vemos mañana.
Una terrible impotencia le invadió el cuerpo porque
Anabel se quedaría otra noche ahí en ese cartón mojado y roto a merced de
cualquier mamarracho que se presentara.
Capítulo
2: Necesidad
Cuando llegó al hotel miró al reloj y se quedó
sorprendido porque era la una de la madrugada había estado hablando con esa
muchacha más de una hora.
Iré a ducharme, se dijo a sí mismo.
Después de esto miró por la ventana.
Puede que después de tantos años buscando a mi otra
mitad por fin la haya encontrado, me duele muchísimo que esté tirada en un
cartón y yo aquí rodeado de lujos… iré y la invitaré a venir al hotel.
Entonces se vistió y salió corriendo rumbo a aquella
calle donde la había visto.
¿A dónde vas señor?
No te preocupes ahora vengo.
No tardó mucho en llegar, Anabel estaba a solo a una
calle del hotel.
Llegó y la vio tumbada y tapada con su vieja
chaqueta.
Anabel, hey despierta.
¿Quién… quién eres?
Soy yo, Bill.
Bill, ¿qué haces aquí?
He venido para llevarte al hotel no quiero que estés
otra noche más aquí.
Pero no me van a dejar entrar.
Claro que sí, vamos.
Bill incorporó despacio a Anabel que la llegaba justo
por el pecho ya que él era muy alto.
Llegaron al hotel y Bill la llevó a su habitación.
Dios mío esto es enorme.
¿Nunca habías visto una habitación?
Sinceramente no, mis padres y yo nos quedamos en la
calle cuando yo apenas tenía 3 años. Ellos murieron tratando de salvar lo poco
que nos quedaba a manos de tres jóvenes que les apuñalaron sin piedad ahí tenía
como 12 años y a partir de ese momento he sobrevivido con lo poco que me ha
dado la gente, al decir esto rompió a llorar.
Es terrible dijo Bill abrazándola sintiendo como las
lágrimas de Anabel mojaban su pecho pero no le importaba.
Ahora siempre tendrás a un amigo a tu lado, ¿de
acuerdo?
De acuerdo contestó Anabel.
Ahora si quieres puedes darte una ducha mira.
La guió hasta el baño. Era grande con un váter de
porcelana de color beige a juego con la ducha el bidel y el lavamanos. Luego
había un espejo bien grande con un pequeño botiquín blanco en el lado derecho.
Mira le das aquí para abrir el grifo y lo mismo para
cerrarlo y para regular la temperatura le das al lado derecho y saldrá frío y
al lado izquierdo para que salga caliente, eso sí tienes que buscar el punto
intermedio porque si no o te achicharras o te congelas y cuando salgas te pones
esta toalla alrededor para secarte.
Bill se quedó mirando a Anabel y se rió al ver la
reacción de la chica al tocar el agua.
Unos minutos después de esto sonó la puerta ya que
habían llegado Gustav, Georg y Tom.
Chicos creo que me iré a dormir dijo Georg.
Yo igual contestó Gustav.
Vale buenas noches chicos, dijo Tom.
Se dirigió a su habitación, se desvistió, se quedó en
bóxer y se metió en la cama.
Mientras tanto Bill preparaba el sillón porque esa
noche dormiría en él y Anabel en su cama.
Bill ¿y ahora qué me pongo?
Bill se quedó atónito mirando a Anabel que solo
llevaba puesta la toalla.
Bi… bien… pues… mmm… ten ponte esto.
Le tendió una camisa suya que no usaba y que era de
estar por casa y unos pantalones de pijama, aunque él durmiera en bóxer se
llevaba un par por si acaso tenía frío.
Gracias Bill.
Contestó la chica metiéndose otra vez en el baño para
cambiarse.
Salió del baño y Bill observó a Anabel.
Me queda un poco grande.
Bueno así estás más graciosa contestó sin poder
contener la risa.
Te he preparado la cama dormirás en ella.
Pero Bill es tu cama.
No importa, yo dormiré en el sillón, mañana iremos a
tomar un helado y a comprarte ropa.
No quiero ser una carga.
No digas tonterías no lo eres, tú eres…eres… mi mejor
amiga, ahora a dormir.
Vale…
Anabel se metió en la cama y no pasaron ni 5 minutos
cuando ya se había quedado dormida. Bill aprovechó y se acercó a ella se sentó
en el borde de la cama y la observó, realmente era muy hermosa, rozó con su
dedo índice el pelo de Anabel y la dijo buenas noches, después se fue al sillón
y miró el reloj, eran las cuatro y media de la madrugada sería mejor que se
durmiera para no parecer al día siguiente un zombi.
Capítulo
3: Presentación
En la mañana Anabel se despertó con el desayuno
encima de la cama.
Ya despertaste te he traído algo para desayunar, come
lo que quieras.
No debías haberte molestado.
Oye eres mi invitada tengo que tratarte como a una
reina.
La chica terminó de comer.
Uff… te dejaré algo de ropa no vas a ir en pijama… a
ver que tenemos por aquí…la verdad es que nada todo te quedaría enorme… bueno
se te remanga un poco y ya está.
La dio unos legings y una camisa con una calavera.
Qué tal estoy.
Muy graciosa.
No te rías tonto, puso cara de perrito.
No te enfades, vamos hay que ir con los demás.
Bajaron y Georg, Gustav y Tom seguían desayunando.
Buenos días chicos.
Buenos días Bill.
Tengo que presentaros a alguien.
Tom atragantándose con la magdalena, ¿en serio? ¿Por
eso ayer no viniste a la discoteca?
No, Anabel ven.
Hola, dijo bajando la mirada.
Hola contestaron los chicos extrañados ya que llevaba puesta la ropa de Bill.
Bill ¿lleva tu ropa?
Sí Gustav.
Claro ayer tuvisteis que hacerlo como perros salvajes
y acabaste rompiéndola la ropa… pero estoy orgulloso de ti hermanito…
Pero ¿qué dices? Anabel y yo no hicimos nada, se
sonrojó.
¿Entonces por qué lleva tu ropa?
Porque… miró a Anabel para buscar su aprobación en
contar su historia.
Puedes decírselo.
Bien, se sentó con Anabel en una silla de la cocina.
Ayer cuando os fuisteis decidí dar una vuelta no muy
lejos del hotel por las calles de Magdeburgo cuando vi a Anabel tirada en un
cartón mojado, con la ropa sucia y rota y un pequeño vaso que contenía un euro.
Me acerqué a ella y comenzamos a hablar y me contó que vivía en la calle desde
los tres años. Sus padres fueron asesinados cuando ella tenía doce por unos
tres chicos cuando defendían lo poco que tenían, desde entonces vive en la calle.
Los tres chicos se quedaron alucinados por la
historia que Bill acababa de contar.
Lo sentimos mucho Anabel, no queríamos ofenderte,
dijo Georg.
No os preocupéis, es normal que os haya extrañado.
Ahora vamos a ir a comprarle ropa y a tomar un
helado.
Entonces ahora tienes que tener…
21 años.
Bill despojó una sonrisa porque él tenía 22 camino de
23 dentro de un par de meses.
Bien se nos hace tarde, nos vamos chicos.
Vale, encantado de conocerte Anabel y de verdad que
lo sentimos.
Gracias ya os he dicho que no pasa nada.
Salieron rumbo
al coche que les esperaba.
Chicos hemos aprendido la lección antes de sacar
conclusiones debemos esperar a informarnos.
Por fin has dicho algo coherente Tom.
¿Qué insinúas?
Nada, nada.
Bueno hoy es nuestro día libre, hoy iré a hacer
escalada, dijo Georg con entusiasmo.
Que aburrido, yo… mmmm… iré a… echar una carrera con
Andreas a los cars, contestó Tom.
Pues yo iré a mirarle unos nuevos platillos y un nuevo pedal a mi batería, añadió Gustav.
Vale pues en marcha.
Capítulo
4: Confesiones
Mientras tanto en la tienda de ropa Young Lady’s Bill
iba asesorando a Anabel ya que él también estaba metido en el mundo de la moda.
Mira pruébate este conjunto te quedará genial.
Vale, ¿y qué tal?
Estás realmente hermosa, contestó Bill que parecía
que se le iban a salir los ojos de las órbitas.
Vas a hacer que me sonroje.
Es la verdad, bueno creo que ya tienes ropa
suficiente.
No sé cómo agradecerte todo esto.
Mmmm… yo sé una manera, viniendo conmigo a tomar un
helado, ¿qué me dices?
Eso está hecho.
Salieron de la tienda y se dirigieron a la heladería.
Dime, ¿de qué sabor te gustan?
La verdad es que no he probado los helados.
Oh, pues los compraré todos, contestó dando unos
pequeños saltitos en dirección a la puerta de la heladería.
¿Estás loco? ¿Cómo vas a hacer eso? Hay más de
treinta helados ahí dentro.
Entonces esos “más de treinta helados” serán
nuestros, dicho esto se metió en la tienda ante la mirada atónita de Anabel.
Al cabo de diez minutos salió Bill de la tienda con
una pequeña nevera dónde llevaba los helados.
Ala, ¿decías que no podía comprarlos todos? ¿Eh?
Anabel comenzó a reír.
Bien prueba este de chocolate con pepitas de
vainilla.
Está muy bueno, ¿quieres un poco?
No gracias el chocolate no me va mucho.
La tarde fue pasando, Bill cerró la nevera portable
para que no se derritieran los helados que quedaban dentro, esos los había
guardado para los chicos.
¿Dispuesta a volver al hotel? Preguntó Bill a Anabel
ofreciéndola su brazo izquierdo.
Claro, contestó ella.
¡Anabel!
¡Oh no!
¿Quién es ese?
Te he estado buscando por todos lados, creías que
escaparías de mí ¿eh? Dijo el hombre agarrando fuertemente el brazo de Anabel.
¡Suéltala! Le dio un empujón Bill, haciendo que se
tropezara y callera al suelo.
¿Y tú quién eres?
Bill Kaulitz.
¿El famucho ese de pacotilla que tiene a un montón de
crías locas alrededor y casi todas menores de edad? Y ¿que a saber qué harás
con ellas en esas fan fiestas cuando estás borracho como una cuba?
Bill se abalanzó sobre él, y le dio un puñetazo.
No digas eso ni en broma y menos insinúes que soy un
pederasta, volvió a cogerle de la camisa pero el hombre le leyó las intenciones
y lo empujó haciendo que Bill quedara abajo y él arriba.
Ahora verás lo que es bueno.
¡Por favor parad! Gritaba desesperadamente Anabel,
cuando llegaron los guardaespaldas de
Bill, cogiendo a ese hombre y
llevándoselo.
Bill, Bill, ¿estás bien? Dijo Anabel, ayudándole a
levantarse.
Sí, no te preocupes, lo único que quiero saber es
quién era ese tipo.
Bueno…
Anabel, dímelo, no quiero que te vuelva a poner un
dedo encima, contestó Bill con cierto enfado.
Está bien, se dirigieron a un banco ante la atenta
mirada de Bill.
Ese tipo es Greg era mi exjefe. Cuando tenía 14 años,
dos años después de perder a mis padres Greg digamos que me “adoptó” si se
puede llamar así, el caso es que me puso a trabajar en un circo cuando tenía 15
años de trapecista, desde ese momento las ventas de entradas para los
espectáculos comenzaron a subir porque muchos de los que iban a ese circo no
eran niños pequeños, madres o padres, la gran mayoría eran pervertidos que sólo
venían a ver a una muchacha exhibirse con solo una mini falda que me tapaba un
poco los muslos y un sujetador. Los años fueron pasando y cuando cumplí los 18
una noche que Greg había bebido demasiado intentó sobrepasarse conmigo,
entonces me escapé y he ido huyendo de él hasta hoy.
Será cerdo, contestó Bill con cierta rabia en su voz.
Te diré una cosa ese no se volverá a acercar ni un centímetro a ti, ¿me
entiendes?
Bill… es muy peligroso…
Me da igual lo peligroso que sea, ahora estás
conmigo, con los chicos, mírame nunca te podrá hacer daño.
Bill, no tengo nada para agradecerte todo esto…
No me tienes que dar nada, cogió las manos de Anabel,
debo confesarte algo, sabrás por las revistas que he estado buscando a mi otra
mitad durante años.
Sí.
Pues ahora después de tano buscar y de esperar por
fin la tengo enfrente mía.
Pero…
Sí Anabel, tú eres mi otra mitad, el destino hizo que
nuestros caminos se cruzaran, siento cosas que nunca pensé que sentiría porque
casi pierdo la esperanza por completo de encontrar a mi alma gemela y de
repente apareciste tú y todos mis días grises se tornaron claros y ahora sé lo
que quiero… te quiero a ti y quiero estar contigo más allá del tiempo, de las
horas, del universo, más allá de la muerte.
De los ojos de Anabel se desprendieron unas pequeñas
lágrimas y sin pensárselo dos veces besó a Bill que supo perfectamente que ella
también sentía lo mismo y que ahora tenía una responsabilidad cuidar de ella y
protegerla en cualquier momento.
Después los dos pusieron rumbo al hotel.
Capítulo
5: “Alma gemela”
Hola chicos, dijo Bill.
Hermano, ¿creíamos que te habías perdido? Y, ¿qué te
ha pasado?
Es una larga historia.
Pues ya puedes empezar a largar por esa boca,
contestó Gustav algo alterado.
Está bien, dijo Bill sentándose en el sillón con
Anabel.
Hoy como sabéis hemos ido a comprar ropa y a por unos
helados. Cuando terminamos de comernos algunos de ellos nos levantamos para
volver al hotel. De repente vino un tipo que cogió del brazo a Anabel, entonces
me metí por medio y nos peleamos, poco después vinieron los guardaespaldas y se
lo llevaron. Le pregunté a Anabel quién era ese tipo y me contó la siguiente
historia:
Dos años después de que Anabel perdiera a sus padres
es decir con 14 años, este tipo que se llama Greg la “adoptó” digámoslo de
alguna forma. La llevó a un circo y cuando cumplió 15 la hizo trabajar de
trapecista y sólo llevaba una minifalda que la tapaba un poco los muslos y un
sujetador, los espectadores que iban no eran precisamente padres, madres o niños
eran pervertidos que sólo iban para ver a una muchacha exhibirse. A los 18 Greg
vino borracho e intentó sobrepasarse con ella. Anabel huyó hasta hoy.
Qué tío más asqueroso, dijo Georg con cierta rabia en
su voz.
Tienes razón, ahora estás a salvo con nosotros nadie
te pondrá la mano encima, nunca, ¿entendido?
Gracias Tom, pero es muy peligroso.
Te dije que da igual lo peligroso que sea, siempre
estaremos ahí, contestó Bill dándola un corto beso en los labios.
Bueno y creo que no nos has contado toda la historia,
recriminó Gustav con cierta picardía al ver ese beso de Bill a Anabel.
Cierto, Anabel y yo somos pareja.
Enhorabuena Bill.
Sí, enhorabuena hermanito, ahora con más razón te
protegeremos Anabel.
Después cada uno se fue a su habitación del hotel
para descansar porque había sido un día bastante largo.
Amor, dormiré en el sillón.
No quiero que duermas en el sillón quiero que lo
hagas a mi lado, ahora somos pareja.
Los ojos de Bill se tornaron de un brillo intenso
como si se tratase de dos faros y una sonrisa se le reflejó en la cara.
Se tumbaron en la cama y Bill abrazó a Anabel.
Te quiero mi pequeña princesita, le dijo en un leve
susurro.
Yo también, contestó Anabel.
Anabel se acomodó más en los brazos de Bill hasta
poder sentir por completo su calor y el latir de su corazón.
Capítulo
6: Emboscada
A la mañana siguiente Bill se levantó temprano para
hacerle el desayuno a Anabel a pesar de que no tenía mucha idea de cocinar.
Bien primero iré haciendo las tostadas y seguiré por
preparar el zumo y la leche.
Hermanito, ¿qué haces?
Buenos días Tom, estoy preparándole el desayuno a
Anabel, contestó con una gran sonrisa en su cara.
Ya veo pero siento decirte esto, no sabes hacer ni un
huevo frito, ¿no querrás que pase todo el día en el baño, verdad?
Cállate Tom, además no voy a usar la sartén, así que
no hay peligro.
Bien pues ya que estás, ¿podrías hacerme a mí también
el desayuno?
Mejor me ahorro la respuesta, contestó Bill medio
riéndose.
Llegó a la puerta de su habitación y vio como dormía
plácidamente Anabel. Se quedó parado en el umbral observando su hermosura y
después de unos minutos se acercó a la cama.
Buenos días, dijo Bill con un susurro y un beso corto
en la mejilla de ella.
Buenos días Billy, me encanta esta manera de despertarme.
Jajajajaja pues lo haré cuántas veces quieras. Ten te
he hecho el desayuno, sinceramente no he cocinado en mi vida así que no sé cómo
habrá salido.
Hay no hacía falta que te molestaras, la verdad es
que tiene muy buena pinta.
Por mi chiquitita haré lo que sea jijij, contestó
Bill con una gran sonrisa en sus labios.
Después de terminar el desayuno, Bill tenía que ir en
busca de un nuevo micrófono ya que el que tenían para la gira se había
estropeado y necesitaba uno urgentemente.
Bien Anabel, voy a por un micrófono ya que el otro
que tenía se estropeó.
Está bien pero ten cuidado.
Acercándose a ella, sí lo tendré.
Se dieron un beso y salió de la habitación rumbo a la
tienda.
Unos minutos más tarde Bill caminaba por la calle con
un gorro y una bufanda para que no le reconocieran y sin darse cuenta un hombre le empujó contra
una pared.
¡Ey!, ¿qué haces?
¿No me recuerdas?
Greg, déjame en paz.
Muy listo, tienes a alguien que me pertenece.
Anabel es mi novia y nunca dejaré que la hagas daño.
Oh, ahora te enamoras de vagabundas delincuentes, muy
desesperado tienes que estar.
Bill le pegó un puñetazo haciendo que cayera al suelo
y después se abalanzó sobre él para rematarle pero sintió cómo le atravesaban
un costado.
Aggh…
Jajajajaja ahora será más fácil recuperarla. Adiós
Bill Kaulitz.
El hombre salió corriendo mientras Bill en el suelo
mal herido intentaba alcanzar su móvil pero sucumbió a la inconsciencia.
Capítulo 7: El engaño
Bill,
Bill, ¿me puedes oír?
¿T… Tom?
Sí,
estamos aquí Georg y Gustav.
¿Y Anabel?
Pronunciaba con dificultad.
Emmm… no
está ha tenido que irse.
Intentando
incorporarse con dificultad.
No, no te
muevas. Decía Gustav.
Pero tengo
que ir a verla.
Ahora no,
necesitas dormir y descansar. Cuando te apuñaló tuviste suerte de que llevabas
puesto el chaleco antibalas.
Pe… pero…
Shhh
hermanito, ahora descansa.
* * *
Después de
3 días en el hospital, Bill podía irse a casa, eso sí el resto de la gira había
sido cancelada ya que estaba convaleciente y el dinero se devolvería a los fans.
Vamos
hermanito, a casa.
Incorporándose
despacio de la silla de ruedas. Tom, ¿y Anabel? No me has dicho nada de ella desde
hace tres días, si ha pasado algo quiero saberlo.
Suspirando.
Está bien Bill pero no quiero que te pongas triste.
Mirándolo.
Dime qué está pasando Tom.
Bien,
Anabel resulta que era una delincuente, se dedicaba a estar en la calle para
dar pena a la gente y sacarles el dinero. Se llevó parte de tu dinero y ropa,
al mismo tiempo que también arrasó con los collares y anillos que tenías, lo
siento Bill.
No… no
puede ser… ella es mi otra mitad.
Me temo
que no Bill, dijo Gustav mientras le ayudaba a sentarse en el coche.
Yo… yo
creía que era… mi todo.
Vamos,
encontrarás a alguien que merezca la pena, de eso estoy seguro. Decía Georg que
nunca había visto así de afectado a su amigo.
Bill
empezaba a notar como sus mejillas se mojaban y se dio cuenta que tal vez no
estaba destinado para ser amado.
Y ¿ahora
dónde está?
En la
cárcel junto con su “manager Greg” los guardaespaldas fueron quien te
encontraron y quienes les encontraron también a ellos.
Bill no
dijo nada, simplemente se recostó en el asiento mientras las lágrimas
comenzaban a vagar libremente de sus ojos para acabar en su cuello.
Capítulo 8: Un nuevo camino
Pasaron
cuatro meses desde aquello y los chicos ya empezaban a planear la nueva gira
que tuvieron que suspender por lo que ocurrió.
¡Bill!
Vamos a una discoteca, ¿te vienes?
Sí, espera
un momento. Dijo mientras contemplaba la pequeña cicatriz que se le había
quedado por el puñal ya que la mayoría del impacto lo amortiguó el chaleco
antibalas.
Ya estoy.
Estás muy
bien ligoncete, dijo Gustav guiñándole un ojo.
Anda
vámonos, se reía.
Al llegar
al club había mucha gente bailando, gigolós, gogós de todo. Entonces cada uno
se pidió su bebida para salir a la pista de baile.
Después de
unos cuantos minutos, a Bill se le acercó un chico alto, moreno con ojos azules
y un cuerpo tonificado.
Hola.
Hola.
¿Eres Bill
Kaulitz?
Sí y tú
eres…
Mat
Oh,
encantado Mat.
Me gusta
la música que tocáis.
Muchas
gracias, eres un alien boy.
Riéndose,
sí se llama así, entonces sí lo soy.
Se
quedaron mirando unos segundos.
Y ¿qué tal
de amores? Preguntó el moreno.
Ah… mmm…
bueno no muy bien. La última persona con la que estuve resulta que era una
delincuente y me robó bastantes cosas y para colmo su “manager” casi me mata de
una puñalada. Le dijo mientras le enseñaba la cicatriz.
Vaya, lo
siento mucho. Pues no sabe lo que se pierde, dijo Mat sonriéndole.
¿Y tú qué
tal?
Yo no
tengo a nadie, busco a esa alma gemela de la que hablan.
¿A sí?
Pues yo también la buscaba pero ahora mismo pienso que no existe.
Mmmmm… tal
vez no has buscado todavía en el lugar correcto.
Al decir
esto Bill se quedó pensativo.
En fin, me
tengo que ir. Toma este es mi número de móvil y la dirección de mi apartamento,
si necesitas algo, no dudes en llamarme o en venir.
Miró el
número y la dirección, está bien.
Encantado
Bill le dio dos besos.
Lo mismo
digo.
* * *
Al llegar
al hotel Tom, Georg y Gustav se fueron derechitos a la cama mientras que Bill
se quedó mirando el papel que le había dado Mat.
¿Y si
tiene razón? ¿Y si llevo buscando a esa otra mitad en el sitio incorrecto?
Cogió su chaqueta y salió rumbo al apartamento de Mat.
Cuando
llegó llamó a la puerta y antes que Mat pudiera pronunciar una palabra Bill se
abalanzó sobre él besándolo.
Entre
besos, Bill, Bill ¿qué haces?
Encontrar
mi alma gemela.
¿Estás
seguro?
Separándose.
Nunca había estado tan seguro en mi vida. Tenías razón llevo buscando mi otra
mitad en el lugar equivocado y he estado equivocado todo este tiempo pero ahora
sé lo que quiero, ahora veo quién soy.
Al decir
esto Mat sonrió y besó de nuevo a Bill.
* * *
Pasaron
los años y Mat y Bill consolidaron su relación. Al principio a los chicos les
pilló por sorpresa pero luego se acostumbraron, se dieron cuenta que su amigo
por fin encontró a esa otra mitad que tanto ansiaba, que tanto buscaba, que
tanto necesitaba y sí es cierto mientras que fuera feliz lo demás daba todo
igual porque el amor no entiende ni de edad, ni de sexos, ni de religiones.
Simplemente todo el mundo tiene derecho a que le amen y a amar.