domingo, 4 de marzo de 2012

Cada acción cuenta


Empezaba un nuevo curso para Alberto y como todas las mañanas se levantaba a las 7:00 en punto, para desayunar, lavarse los dientes y vestirse.

Alberto salió de casa y se dirigió al instituto cuando se encontró por el camino a Marta y le dijo:

Marta: ¡Ei hola!, cuánto tiempo sin verte, bueno todo el verano, ¿qué tal te ha ido?
Alberto: ¡Hola!, bueno… pues bien, estudiando casi todo el verano y ¿tú?
Marta: Yo muy bien la verdad, después de aprobar todo y del esfuerzo pues creo que me merecía un descanso.

Así transcurrió todo el camino, hablando de cómo le ha ido a cada uno, que han hecho, que no han hecho, hasta que llegaron al instituto y fueron a sus respectivas aulas.
Alberto no quería pasar por todo lo que pasó el año pasado, no se esforzó nada durante el curso y tuvo que estar todo el verano estudiando y cuando entró a su clase se repitió una y otra vez:
“Este año las cosas serán diferentes, aprobaré y me graduaré, estoy seguro de ello”.
Lo repitió como tres veces seguidas hasta que se sentó al lado de Marta y sacó sus libros de Matemáticas.
El profesor entró a clase, era alto, delgado, tenía una barba que a juzgar por su aspecto calculo que la llevaría desde hace 2 días, vestía una camisa con cuello de color azul y entre sus brazos llevaba su maletín con sus documentos y ejercicios iniciales, cuando se presentó:
Carlos: Muy buenos días, soy Carlos y aparte de ser vuestro tutor, también seré vuestro profesor de Matemáticas, ahora iré pasando lista y cuando diga vuestros nombres iréis levantando la mano,
¿De acuerdo?

Y así hizo fue diciendo los nombres de cada uno y mirándonos para quedarse lo antes posible con nuestras caras.
Luego repartió a cada uno unos ejercicios iniciales para comprobar más o menos lo que sabíamos o se nos había olvidado durante el verano.
Cuando acabamos se lo entregamos y dijo: “no os preocupéis a mí tampoco me gusta hacer estas pruebas, las veo un poco ridículas, pero me obligan los jefes”. Nos empezamos a reír después de las palabras que dijo.
Llegó el recreo y Marta y yo nos sentamos en un banco.
(En los pensamientos de Alberto).
Parecerá raro pero desde hace dos años que la conocí hemos cogido mucha confianza el uno del otro, siempre que podemos estamos juntos y la verdad que cada día que pasa me siento más a gusto con ella. Es una chica alegre, simpática y siempre cuando estás triste tiene una palabra que hace que te sientas mejor, por eso los recreos se me pasan volando y espero guardar esta amistad durante mucho tiempo.

Cuando llegó a casa  Alberto se recostó en su cama no pasó ni cuatro minutos cuando se quedó dormido y se despertó sobresaltado porque debía hacer un trabajo para el día siguiente y eran la 17:00 de la tarde. La historia debía ser sobre la amistad o el amor, pero como no sabía cuál hacer, decidió juntar los dos y hacer un trabajo de la amistad y el amor.
Acabó su trabajo y satisfecho de lo que hizo se lo guardó cuidadosamente en su mochila, terminó de hacer los deberes que le quedaban y sin ni siquiera pensárselo dos veces se fue a dormir.
A la mañana siguiente Alberto se despertó como todos los días  y entregó el trabajo a Margarita la profesora de Lengua y Literatura, se sentó de nuevo en el pupitre y Marta le preguntó:
Marta: Dime, ¿cómo lo has hecho?
Alberto: Bueno como no me decidía si hacerlo sobre la amistad o el amor pues lo junté e hice sobre los dos y ¿tú de qué lo has hecho?
Marta: Yo del amor, escribí sobre como una persona puede amar a otra a pesar del corto tiempo que había pasado desde que se conocieron y como esa persona luego sería lo más importante en su vida.
Alberto se quedó mirándola y no entendió lo que de repente pasaba en su interior, empezó a entender que no veía a Marta como una amiga sino que la veía como algo más, eso le asustó un poco pero decidió amarla en silencio, porque no quería romper esa bonita amistad por ese absurdo sentimiento.

Pasaron los meses y como no quiere la cosa ya era abril, faltaba poco para la graduación y cada día que pasaba Alberto estaba un poco más nervioso, hasta el momento las cosas le habían ido bien, estaba sacando buenas notas, la amistad con Marta iba viento en popa, aunque a él le gustara ser algo más para ella.

Cuando salieron al recreo vio a Marta sentada sola en el banco, Alberto se acercó y la preguntó:
Alberto: Hola, ¿estás bien?, hoy te he visto más callada le lo habitual.
Marta tardó un poco en contestar pero al final lo hizo:
Marta: (Con lágrimas en los ojos), no estoy bien mi tía está en el hospital muy enferma puede que le queden solo unos  días y aparte de eso voy mal en cuanto a mis notas, no sé qué hacer me encuentro sin fuerzas…
De repente el mundo de Alberto se paró, no supo que decir, qué hacer pero sacó fuerzas desde lo más profundo de su ser y contestó:
Alberto: Marta te contaré una historia…
Hace tiempo en un castillo vivía un rey con su familia. Tenía a la mujer perfecta a su lado, todo les iba muy bien, hasta el pueblo les quería.
Pero una noche todo aquello cambió la mujer calló gravemente enferma, los días soleados se tornaron oscuros y grises, Timo así es como se llamaba el rey, estaba muy demacrado, triste y melancólico, no quería perder a lo que más quería en esta vida. Todas las noches se sentaba al lado de Éfini, la cogía la mano débil y fría por esa terrible enfermedad y se quedaba mirándola, velando sus sueños.
Ese día fatal llegó y antes de que Éfini tomara su último respiro le dijo:
“No llores por mí, estaré bien, pasamos muchas cosas juntos, muchos días, muchas noches debajo de aquel árbol, donde me pediste si quería ser tu esposa. La muerte nos llega a todos, no podemos evitarla, solo quiero pedirte que no dejes tu vida por mí, que seas tú y te cases con otra mujer, se feliz amor, siempre estaré contigo y no llores porque si lo haces volveré a morir, solo prométeme que lo harás, que serás feliz”.
Timo agarrando fuertemente la mano de Éfini y con el rostro desencajado y lleno de lágrimas se lo prometió, la dio un tierno beso en sus labios y se despidió.
Pasaron los años y Timo se casó con una hermosa mujer y tuvieron dos hijos. Un día por la noche Timo salió al balcón y miró esa estrella que todas las noches brillaba y que estaba seguro de que era  Éfini y dijo:
“Éfini sé que estás ahí arriba como verás cumplí nuestra promesa, me casé y tuve dos hijos preciosos, a pesar de todo te sigo echando de menos aunque estoy seguro de que nos encontraremos ahí arriba, Tirela es una gran mujer muy parecida a ti y sé que pasaremos grandes momentos juntos, solo me queda agradecerte todos los años que me diste de felicidad porque solo con tu presencia llenabas mi vacío y me hacías sentir especial. Te quiero Éfini.

Con esta historia Alberto abrazó a Marta,  ésta le dedicó una sonrisa y le dio las gracias.

Cuando llegó el momento de la graduación Marta lo había sacado todo bien  y los dos consiguieron su diploma, ese día fue el mejor de todos porque aparte de graduarse Alberto consiguió un amor que sería imposible de apagar y difícil borrar.

A pesar de las dificultades que se presenten uno debe seguir adelante, porque si te caes debes volver a levantarte  aunque a veces sea duro y parezca que el camino esté oscuro y no tenga ninguna luz, sigue a través de él, porque solo tú tienes el poder de cambiar tu destino, de conseguir tus propósitos y de luchar por lo que quieres.

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